Capítulo 57.
Mientras me encontraba destrozando a algunos lobos que olían repugnante comencé a hacerme algunas preguntas serias que quizá debí de haberme planteado antes. Como por ejemplo, ¿Me daría una indigestión por probar la carne de estos salvajes? ¿Vomitaría? ¿Podría correr al castillo solo para vomitar en la preciosa oficina de Karel? ¿Me llevaría a la horca si lo hacía en su cama?
Tantas preguntas y tan pocas respuestas.
Necesitaba un plan ya que los malditos no dejaban de salir y, conmigo distrayén