AARON MARTÍNEZ.
Llego a casa. Mi hermana espera sobre mi cama viendo fotos de cuando éramos pequeños y de vez en cuando nos quedábamos meses en casa del abuelo. Cuando me ve entrar, de forma inmediata sonríe al verme sonreír a mí.
— ¿Y? —Pregunta cruzándose de brazos.
Deshago el nudo de la corbata, la dejo sobre la cama y me echo de espaldas en ella sin poder dejar de sonreír. Graciela me golpea el pecho una y otra vez con el dedo buscándome el punto débil para decirle todo lo que ha pasado.