AMARA CORTÉS.
Mi abuelo no tiene piedad de mí. Parece como si hubiera estado esperando esto desde que llegué. Me agarra del pelo y me arrastra por las escaleras hasta soltarme brutalmente en mi habitación. Los gritos de mi madre se escuchan desde abajo pero nadie la deja subir. Él me observa mostrando el profundo desprecio que siente por mí, me doy cuenta de que no es la misma mirada que tenía el día que descubrió a Cora, a ella aún la miraba como su nieta pero a mí... a mí me mira como una des