Cuando Lyra tenía dieciséis y el diecisiete. James empezó a notar que ella llegaba triste de la secundaria, rostro decaído y siempre sin hambre.
Su padre ya los había abandonado un año atrás con su partida y la convivencia se había vuelto más complicada. Él se encargaba que Lyra tuviera todo lo que necesitaba, además de horarios muy estrictos. Le tenía prohibido miles de cosas, y el resentimiento que tenía aún era bastante grande en su corazón. Era egoísta, claro. Pero estaba nublado por su mol