89. En casa. Al fin
Thiago Da Silva se hizo su propio camino entre los rescatistas y los trabajadores que fueron de importante apoyo en aquella búsqueda. Su corazón latía a toda máquina y su respiración estaba demasiado agitada.
— A un lado, háganse a un lado — ordenó, nervioso, empujando cuerpos, pisando fuerte con aquellas botas de campo.
Se detuvo a los pies de una choza. Varios rostros observándolo. El principal, a cargo de guiar a los rescatistas, lo recibió.
— Siga, es por aquí — le indicó, haciéndose a un