85. ¡Es el hombre que amo! ¡Es el papá de mi bebé!
Desde ese momento, Alexia y Calioppe se convirtieron en una sola persona, la una aferrada a la otra, suplicando entre lágrimas recibir una pronta respuesta.
Eran casi las seis de la mañana cuando Thiago salió de la recámara que se había asignado para él con su llegada. Hablaba por teléfono cuando Calioppe lo interceptó. Todo el mundo dormía aún.
— ¿Qué sabes? — preguntó, todavía rebosada de angustia. No había podido dormir en toda la noche. Él tampoco si era sincero.
— Acabo de comunicarme co