Capítulo 103. Un bebé de Benedict
El silencio entre ellos no es incómodo. Isabella no dice nada y Benedict lo agradece. Que ella no lo rechace ya es una victoria y, por ahora, eso le basta. Ambos se quedan así, quietos, mirando el horizonte teñido de los últimos colores del día. Este sitio es encantador, mágico. Es un momento frágil, pero auténtico, y ninguno se atreve a romperlo.
Una de las empleadas interrumpe suavemente al tocar la puerta. Pide permiso para entrar y anuncia que la cena está lista. La atmósfera se diluye un p