El corazón venció a Stavros. Había escuchado los gritos de Dakota, oyó a su hija clamar por ayuda, pero no logró llegar a tiempo. Cayó al suelo, inmóvil. Lo último que percibió antes de desvanecerse fue el llanto desesperado de su hija.
Alekos se encontraba sobre la tabla de surf; ya se había caíd