Alekos se acomodó la corbata; iba retrasado para la reunión. Golpearon la puerta: era Penélope.
—Hola, hermano. ¿Qué te pasó? —preguntó mirando el golpe que él tenía en el rostro.
—Hola, ¿vienes sola? —preguntó Alekos.
—Helena prefirió pasar directo a la sala de juntas —respondió Penélope—. ¿C