Ya había amanecido. Dakota dormía exhausta entre los brazos de Alekos.El teléfono sonó. Alekos lo tomó y leyó en la pantalla: era un mensaje de Xandro.
“Tenemos al ruso.”
Alekos suspiró. Todo empezaba, por fin, a ordenarse.
Se levantó con cuidado para no despertarla, se dio una ducha rápida y