Cuando Lily cierra la puerta, enseguida oigo sus mocos y suaves sollozos. Aprieto los puños y voy en busca de Patrick. Estoy furioso porque no metieron a su padre en el calabozo o al menos se aseguraron de que volviera a casa.
Lo encuentro en su despacho. Entro sin tocar. Él levanta la vista y, al ver que soy yo, se echa hacia atrás en la silla, juntando las manos sobre el escritorio.
“¿Clint? ¿Pasa algo?”.
Debería sentarme, pero mi temperamento no me deja calmarme. “Llevé a Lily a correr es