La audacia de este hombre. Este hombre al que una vez respeté, al que admiraba como si fuera la respuesta a todas mis preguntas. Ahora, lo veo por lo que realmente es. Un acabado, patético ser para un Alfa.
La arrogancia de pensar que lo miraba porque lo deseaba es insondable, por no decir repugnante.
Veo como su cara se apaga después de que lo llame padre.
“Claro, ¿qué tenía, doce años, cuando me desterraste? ¿Te acuerdas de mí ahora?”.
“Eso no es posible”.
“¿Por qué, papá?”, digo con sarc