Hacemos una parada de camino a la estación de autobuses y desayunamos algo. Me aseguro de que nos sentemos en una mesa donde no se nos pueda ver fácilmente desde afuera, pero sí a cualquiera que pase por la cafetería. Pedimos café y el desayuno. Mientras comemos, veo pasar al cambiaformas de anoche, mirando a su alrededor. Echa un ojo dentro de la cafetería pero no nos ve. Maldita sea, está trabajando para los lobos.
“Cambio de planes. Es hora de irnos”, le digo a Grace. Dejo algo de dinero sob