No puedo relajarme, pero obedezco y me recuesto. Levanto la vista para ver si está lanzando a mi cuerpo las mismas miradas lascivas que los vampiros, pero no lo hace. Está concentrado en mi pelo. Frunzo el ceño, sintiéndome extraña.
Me pasa la mano por debajo de la cabeza, manteniéndola por encima del agua, y luego con la otra mano, empieza a agarrar agua antes de echármela por la cabeza. Siento que empiezo a relajarme al verlo concentrarse en su trabajo. Me mira a los ojos y me guiña un ojo an