Capitulo 39

Corro por el pasillo desesperada, con una maleta con ruedas en una mano y en la otra una bolsa enorme y pesada que insiste en golpearme con cada paso que doy.

¡Maldita sea, maldita sea!

Doblo a la izquierda y busco frenéticamente la señal que indica en qué dirección debo tomar, hasta que veo a Zephan desaparecer por la esquina de un pasillo. Corro hacia ti y una mujer me llama la atención y me dice que está prohibido correr por los pasillos del hospital.

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