La puntualidad de Massimo es extrema, veinte minutos después, ni un segundo antes, ni uno después, aparece frente a la oficina de Sol.
—¡Lista!
Ella sonrió, tomó su cartera, batió su ensortijado cabello y caminó hacia él, mientras le susurró al oido.
—Siempre lista. —Massimo le cedió el paso, cerró la oficina.
Dentro del elevador, conversaron un poco sobre el lugar a donde almorzarían.
—¿Pasta o comida mediterránea? —preguntó ella.
—Obvio que pasta. Estoy ansiosa de comer una pasta con