El médico saca de su maletín algunos analgésicos y luego inserta un tubo flexible en la vena de Sara para administrarle líquidos, fármacos y nutrientes.
Tras varios minutos, el rostro de Sara recupera su color natural y ella sigue dormida. Su padre la contempla fijamente mientras el médico le pone un suero para hidratarla.
Finalmente, el médico y el doctor Néstor salen del dormitorio para dejar que Sara descanse toda la noche.
—Alfonso, ¿se encuentra mejor mi hija?
—Sarita está mejor, acabo de