Al transcurrir el día, ambas van a almorzar, pero, para sorpresa de Sara, Diego Brindissi entra en la oficina con un ramo de flores y una caja de bombones.
—Hola, mi querida Sara. Estás radiante y hermosa como siempre. Diego le besa suavemente la mano.
—Hola, Diego. Gracias. ¿Tú cómo estás? —Le saluda cordialmente.
—Estoy muy bien, de hecho, he traído este ramo de flores y estos chocolates, espero que te gusten. Diego sonríe.
—Muchas gracias, no es necesario que te molestes por estos lindos det