El túnel era estrecho y oscuro.
Solo la luz de una linterna iluminaba el camino mientras el grupo descendía rápidamente.
Detrás de ellos, los golpes contra la puerta del refugio seguían resonando, cada vez más fuertes.
BANG… BANG… BANG…
Valeria bajaba con el corazón acelerado.
Sabía que en cualquier momento el metal cedería.
Y cuando eso pasara…
Vega entraría.
Santiago iba al frente, revisando cada esquina.
—¿A dónde lleva esto? —preguntó Adrián.
Helena respondió sin detenerse.
—A un punto segu