Capítulo 84.
Edmond.
—¡Ya suéltame, Jerome, carajos!
Le exijo, pero hasta que no me hace entrar en el auto a empujones limpios no para. Cierra la puerta y entra al lado del conductor, nuestras respiraciones jadeantes se toman el lugar. Nos observamos por un momento, mi mente es un desastre estoy desorientado y todo lo que quisiera hacer ahora mismo es totalmente ilegal. Jerome refleja incógnita, espera que hable, pero apenas puedo juntar toda la información pasando a enormes velocidades por mi cabeza. El m