Simone.
Amanezco en los brazos de Edmond, su calor, su aroma hacen que el día comience como no esperaba. No lo sentí llegar esta madrugada, pensé que pasaría otro día en la convención; sin embargo, aquí está aferrado a mí como si fuera su posesión más valiosa en esta tierra. No pasa desapercibido su aspecto, las ojeras se le marcan debajo de los párpados, se ve trasnochado; además de oler ligeramente a alcohol y a un perfume dulce, femenino. Quito las ideas absurdas de mi mente, intento levanta