Simone.
La cena transcurre con tranquilidad bajo el resplandor de bombillas colgantes que alumbran el variado menú de mar sobre una mesa enorme. Aunque no logro sonreír, sí siento tranquilidad; la brisa fresca y salada del
océano me ayuda, además de la satisfacción que inunda en mi pecho el que Edmond no haya soltado mi mano desde que nos encontramos frente al bar. Se ha dedicado a regalarme cumplidos hermosos, no se ha separado de mi lado ni un minuto. Contarle la verdad fue difícil, pensé qu