Simone.
La brisa marina refresca mi rostro, mas no se lleva la culpa que cargo. Estoy sentada en la arena, un poco lejos del bullicio de las personas que festejan alrededor de la fogata. No pude conciliar el sueño, siento el peso de la conciencia sobre la mente, castigando cada acto que realizo como si fuere el peor de los verdugos. «Tenté al diablo»; eso fue lo que hice. Me abrí de piernas sobre Edmond, ofrecí el cuerpo, las ganas, y al final solo logré echarlo a perder. Él fue comprensivo, sí