Punto de vista de Elena
El domingo amaneció con una suave y cálida luz dorada que entraba a raudales por los ventanales de mi habitación.
Me desperté lentamente, completamente libre del pánico repentino y lleno de adrenalina que solía sacarme del sueño. Me quedé quieta un momento, con el edredón hasta la cintura. Apoyé la mano sobre mi vientre, sintiendo la sutil y firme curva bajo mi camiseta holgada.
"Buenos días", susurré en la silenciosa habitación.
Fue un pequeño y sencillo reconocimiento,