Isabella
El espejo no miente.
Parece que el pecado se ha vertido en la seda.
El vestido es carmesí, profundo y peligroso, aferrado a cada curva como si estuviera pintado. Sin espalda hasta los hoyuelos en la base de mi columna vertebral. Dos ranuras altas en cada lado, parpadeando en cada paso. El escote es lo suficientemente bajo como para hacer que los corazones se detengan.
Cabello suelto en olas salvajes por mi espalda desnuda. Labios rojos como el vestido. Los ojos humeaban oscuros.
El ani