Capítulo 29. La llegada de la tormenta.
La mansión de Miles Royce brillaba como un diamante incrustado en la ladera de la montaña. Candelabros de cristal iluminaban los jardines, reflejándose en las copas de champagne y en los vestidos de gala que se deslizaban entre columnas de mármol.
La prensa se movía con agilidad entre los invitados, micrófonos y cámaras listos para capturar sonrisas, promesas de inversión y palabras que sonaban a filantropía, aunque muchas veces parecían más negocios disfrazados.
Elena se mantuvo en un segundo