Capítulo 123. Lluvia de buenas noticias.
Elena bajó los hombros con derrota al darse cuenta quién le había hablado. Por un momento se había puesto tensa, creyendo que sería una de esas señoras encopetadas que formaban parte de la alta sociedad de Seattle y quería molestarla, pero tan solo era aquella rubia insoportable.
—Hola, Deborah, me alegra verte de nuevo —la saludó con ironía, desconcertando por un momento a la mujer.
—¿Te alegra? Sí, claro. Luego de haberme humillado en la casa de Adrian, de seguro estás feliz de encontrarte co