Odell la miró severamente.
—No puedes tallar más. Espera hasta que tu mano esté mejor.
Sylvia apretó los labios.
Odell frunció el ceño nuevamente cuando su expresión se volvió fría. Estaba claro que sus palabras no estaban en disputa, por lo que no tuvo más remedio que dejar el cuchillo de trinchar y levantarse.
Tomó una de sus manos y se la quitó.
Cuando pasó por el área de pintura, no pudo evitar mirar las dos pinturas nuevamente.
Odell captó su mirada y la miró.
—Odell, ¿de ver