Isabel y Liam la esperaban en la puerta ansiosos.
Sus caritas sonrientes se veían extra adorables bajo el sol.
Sylvia sonrió y besó a cada uno de ellos en las mejillas, antes de llevarlos a la casa.
Pasó un día en un abrir y cerrar de ojos, todo muy rápidamente.
El cielo se oscureció sin darse cuenta y Odell aún no volvió a casa.
—¿Por qué el Malito no está en casa todavía? —Isabel hizo un puchero y preguntó.
Sylvia frunció los labios y dijo:
—Papá podría estar ocupado con el trab