Sylvia instintivamente abrazó a Isabel con más fuerza.
Isabel levantó su cara regordeta del pecho de su madre y le gritó a Odell, “¡Gran Malvado, vete! ¡No mires a mi mami!”.
Su pequeña voz de niña ya era clara y fuerte.
Odell frunció el ceño. “Te esperaré afuera”.
Sus palabras eran para Sylvia.
Luego dejó a la madre e hija a solas.
La niña volvió a enterrar su rostro en el pecho de Sylvia y la abrazó con más fuerza. “¡Mami, no te vayas!”.
Sylvia le dio unas palmaditas en la cabeza