Dado su temperamento, ¿no le habría preguntado por qué ella le había ignorado?
¿Por qué llevaba una sonrisa tan cálida pero extraña en su rostro?
De todos modos, era mejor que su mirada helada habitual.
Sylvia tarareó a modo de respuesta.
Odell se dirigió a la parte trasera del coche y abrió el maletero.
A continuación, Sylvia le vio sacar un ramo de rosas. Tal vez había allí noventa y nueve tallos de rosas.
Luego, llevó las rosas y se las entregó.
Sylvia se quedó atónita unos segun