La respuesta inmediata de Caprice fue una confirmación de su bienestar, pero un pensamiento fugaz la impulsó a expresar un sentimiento más profundo.
—Me las arreglo, pero no puedo decir que esté contenta. Me debes una disculpa—, declaró, con un tono teñido de una pizca de exigencia.
Los ojos de Liam se entrecerraron ligeramente mientras esperaba sus términos. Su voz, suave y seductora, mantuvo su calidad seductora, insinuando una intriga más profunda.
—¿Qué tienes en mente? —preguntó, s