Un sentimiento de inquietud brotó dentro de él.
Reprimiendo sus emociones, sintió un suave toque en su rostro por parte de una mano pequeña y tierna. Cambiando su mirada, rápidamente transformó su expresión en una sonrisa.
Sin embargo, antes de que pudiera recuperar la compostura, la dulce voz de la niña preguntó:
—Papá, ¿por qué tienes la mano tan apretada? —Suéltalo, no aprietes el teléfono.
La niña incluso intentó soltarle los dedos.
John se quedó sin palabras.
La chica contempló