En un abrir y cerrar de ojos pasaron dos días más.
Dentro de la casa ubicada en pleno centro del casco rural.
Sherry estaba tan hambrienta que en ese momento se sintió como un esqueleto andante. Se derrumbó en el sofá y apenas podía mover sus extremidades.
Durante dos días enteros, no había ingerido nada excepto agua.
Estaba segura de que John debía haber ordenado a los guardaespaldas que lo mataran de hambre. Desde el incidente de hace dos días, han tenido especial cuidado en deshacerse