No hay palabras adecuadas para captar lo absolutamente encantador que parecía.
Sherry sintió que su corazón se aceleraba, latiendo tan vigorosamente que podría salirse de su pecho.
Su rostro dulce y angelical y su andar entrañable: ¡esta tenía que ser la hija que había llenado sus pensamientos día y noche!
Sherry la miró, completamente cautivada.
Caprice le devolvió la mirada con una expresión en blanco, como si estuviera mirando a un extraterrestre. Finalmente, empezó a tartamudear: