Miró el vibrante vino tinto y su brillo se reflejaba en sus ojos.
Habían pasado once años desde que conoció a Shermaine, que entonces tenía sólo doce años.
En aquel entonces, había rescatado a Shermaine de las garras de la pobreza debido a su sorprendente parecido con Sylvia. La obsesión de su hijo por Sylvia había llegado a un punto enfermizo, y ella esperaba que Shermaine pudiera convertirse en una suplente convincente, un sustituto perfecto del amante que su hijo nunca había poseído realm