Después de tener una cena tardía, Iris golpeó a la habitación de Kim sabiendo que aunque fuera casi medianoche ella estaría despierta. Efectivamente lo estaba y le abrió con una gran sonrisa, detrás de ella Erick jugaba con una consola sentado en el suelo.
—¡Fresita, querida! ¡¿Cómo te fue con el pequeño gruñón que tienes por hermao?! Estuvimos esperándote.— la dejó pasar, pero Iris le impidió cerrar la puerta con una expresión muy seria. –Uhh… ¿Fresita?
—Necesito hablar contigo. A solas. —Miró