—Entonces, un día… ese hombre… vio a tu madre, la mujer de su más grande rival del pasado, sentada, triste y a abonada en un restaurante, llorando la falta del mayor rival su vida.
Iris cerro los ojos con pesadez, de repente comenzando a entender todo.
—Desearía que no lo hubiera hecho…
—Aunque no me creas, mi padre también, más que nadie. En ese momento, pensó… "¿Por qué Di Castro tenía la vida perfecta cuando yo la perdí? ¿Por qué era feliz y yo miserable? ¿Por qué siempre me superaba en to