Iris no cabía en sí misma de felicidad. ¡Finalmente habían regresado a Ciudad Bella Cruz! Oh, cómo había extrañado esta rustica ciudad en la cual creció. El aire olía menos a combustible en comparación a Greenbell, había más árboles, más césped, menos personas en las calles. ¡Sabía a infancia y era perfecto!
—Te ves muy emocionada, Iris —comentó su tía Marie con una sonrisa alegre mientras le indicaba a su esposo donde debía colocar las cosas que bajaban del camión de mudanza.
—¡Pues claro que