Kate llegó a la mansión Di Castro que por desgracia ahora era su hogar temporal y de inmediato fue a ver a sus hijos.
Iris estaba haciéndole compañía a Kitt, incluso si él todavía conservaba cierta animosidad hacia ella, cosa que hizo sonreír a Kate, aliviada de que su niña tuviera tanta paciencia y tantas ganas de llevarse bien con su gruñón hermano menor.
—Hola, Iris, Kitt, mamá ya volvió de trabajar —los saludó alegremente y sus dos hijos de inmediato le sonrieron al mismo tiempo, aligera