Al sentir una mano acariciar con gentileza su rostro la mañana de un nuevo día, Kate abrió los ojos y por un momento se preguntó sí todavía no había despertado, porque ver a su esposo a su lado en la mañana, mirándola con esos ojos cálidos y esa sonrisa suave que tanto extrañaba, parecía tan irreal que de inmediato creyó que solo podía ser un sueño.
—¿Ethan? —Lo miró con ojos desorbitados.
—…Buenos días, mi amor. —Eso fue todo lo que dijo, antes de juntar sus labios con los suyos.
Ella jadeó, d