Lugh quería fulminar a Vanessa con la mirada, cargó a su hija entre sus brazos, quien estaba histérica por su llanto.
Marbella no pudo más, tomó a la mujer del brazo, y la llevó a empujones lejos de ahí.
Lugh llevó a la niña al carro, con sus hermanos.
—Papito, ¿Es cierto? ¿No eres mi papito de verdad?
Lugh sintió que esas palabras le dieron un escalofrío, acarició el rostro de la niña, no quería mentir, pero no pudo decir la verdad.
—Soy tu padre, siempre lo seré, nada de lo que diga Vanes