Capítulo 115. Irán juntas al infierno
—Adelaide piensa que no hay otra persona en el mundo en la que confíe tanto para cuidar a nuestra hija —añade Egil. Benedict traga saliva al oír de ella—. Y yo también lo creo, hermano. Sé que me comporté como un imbécil cuando supe que ella venía a verte, pero los celos no me dejaron pensar con claridad en esos momentos. Ella es la única mujer por la que sería capaz de entregar todo, hasta mi vida. Perderla en ese entonces me quemó el alma, no podía respirar.
—Lo pensaré, Egil —responde Benedi