Rita viajó desde la capital en cuanto se enteró del estado de salud de Pedro y de la vida repentina de Amelia. Llegó a la casa después de las seis de la tarde con uno de sus hijos. Acompañó a Amelia para que terminara de alistarse.
—Quedaste muy preciosa, pero te falta el velo.
—No quiero usar velo tía.
—Pero es lo que se acostumbra, no tienes que taparte la cara, pero puedes ponértelo sobre el moño, voltéate y yo te acomodo, así saldrás más linda en las fotos y Pedro estará encantado con verla