Pasó un rato, Ignacio bebió varios tequilas y conoció a otras personas del pueblo que Pedro y Serafín le presentaron. Luego él y otros que estaban en la misma mesa recibieron otra ronda de tragos.
Amelia lo observó cuando recibió el tequila desaprobando con la mirada, él se percató de ello y sonrió.
—¿Le molesta que beba?
—No me molesta. —Dijo con cierta amargura en su voz.
—¿Entonces por qué esa mirada matadora?
—No vino aquí a divertirse, ¿ya se le olvidó que solo desea observar mi vida y a