Ignacio se quedó en el patio de la residencia parado junto a un árbol, y tenía una dura expresión en su rostro. Pasaron varios minutos, de pronto Amelia salió al patio, de mala gana le dijo:
—Las quesadillas ya están.
—Se me quitó el hambre.
—¿Piensa dejar a la pobre anciana con las quesadillas servidas? —Inacio tenía fruncido el ceño,juzgó lo que Amelia le dijo, entonces se fue adentro.
Los dos se sentaron, Rita les puso un plato a cada uno y las quesadillas las dejó en una cesta y se fue a b