Diana.
Los días posteriores a la luna de miel transcurrieron con rapidez. El castillo de Licantia se alzaba majestuoso con sus murallas de piedra en el extenso y vasto territorio de los hombres lobo. Estaba maravillada ante lo que mis ojos veían, pero a la vez abrumada y con una gran incertidumbre por lo que me esperaba como Luna del reino.
Esa mañana me levanté temprano, preparada para lo que me aguardaba. Al hacerlo, no vi a Andrew a mi lado, lo cual me sorprendió sobremanera. Los momentos de