Mundo ficciónIniciar sesiónEl clima es simplemente maravilloso este día. El cielo azul sin una sola nube, el brillo cálido del sol acariciando las majestuosas calles, y la suave brisa que envuelve la ciudad, crean un ambiente de celebración en todo su esplendor. Hoy es día de fiesta. La gente se prepara para celebrar el evento más importante del año: el ascenso a comandante de Axel Storme. Sin embargo, a pesar del júbilo y la euforia que llenan el aire, nada de eso se refleja en Axel.
Parado en la oficina de Storme Helix Group, él contempla a lo lejos las multitudes que se desplazan de aquí para allá. Hoy será ascendido, un puesto por el que luchó incansablemente durante los últimos tres años. Ha dado todo para llegar a este lugar: su tiempo, su energía, su corazón. Cada estrategia cuidadosamente calculada fue un paso hacia este momento. Y ahora, esa ocasión ya llegó.
Se imaginó este día durante años, visualizando el momento en que su nombre sería anunciado en todos los noticieros, como el nuevo comandante, las felicitaciones, los aplausos, y esa sensación de poder y triunfo que tanto ansía. Pero ahora, mientras el reloj se acerca a la hora del anuncio oficial, Axel experimenta una desconexión inexplicable con lo que está ocurriendo a su alrededor.
En ese momento, un automóvil de lujo, blindado, se detiene frente al imponente edificio. Lia siente una opresión en el pecho. Había estado aquí innumerables veces durante todos estos años, pero esta vez es diferente. Esta vez será la última. Después de hoy, todo cambiará.
Baja del auto con la misma elegancia tranquila que siempre la ha caracterizado, aunque en su interior todo se está desmoronando. Camina hacia la entrada, con paso firme y decidido, pero cada paso que da la acerca más a un destino que prefiere evitar.
A pesar del tumulto en su mente, esto es algo que tiene que hacer. Cumplirá con su palabra. Después de todo, siempre ha sido fiel a sus compromisos.
Lia respira hondo varias veces, intentando controlar las emociones que se agitan dentro de ella. Sabe que este momento será difícil, quizá el más difícil que enfrentará en mucho tiempo, pero debe ser fuerte. Se había repetido eso durante todo el trayecto, desde el departamento hasta aquí, que serían solo unas horas más y que luego todo terminaría.
El perfume de Axel sigue impregnado en su memoria, y al atravesar las puertas del imponente edificio, sus pies la llevan casi mecánicamente a su destino, al último piso, junto a él.
Al abrirse las puertas del ascensor, todas las recepcionistas la miran ansiosas, algunas hasta sueltan un suspiro de alivio. Ella puede entender a qué se debe, total ha trabajado aquí demasiado tiempo. Asiente y camina hasta la cafetera, prepara el expreso como cada mañana, tal como le gusta a Axel, antes de dirigirse hasta su oficina.
Con la taza de café en una mano, se detiene brevemente frente a la puerta para darse más valor. «Tú puedes hacerlo», se recuerda a sí misma antes de empujar la puerta.
Al entrar, tanto Kai como Ayla levantan la vista, sorprendidos de verla allí, menos Axel. Él sigue con la mirada fija en la ventana, pero su cuerpo se tensa al sentir su perfume llenando el aire. La sutileza de su aroma a rosas siempre lo había envuelto, y ahora, a pesar de su determinación de no mirar, no puede evitar reaccionar. La tensión en su mandíbula y en sus hombros es palpable, como si intentara no reconocer lo que su cuerpo ya sabe: ella vino.
—Yo me encargo de todo, Laura —dice Lia con firmeza, dirigiéndose a la asistente, quien la mira con alivio.
—Lo siento, señorita Rowan, traté de hacer todo como lo hace usted, pero el señor… —responde en voz baja la joven, claramente afectada por el mal humor de Axel.
Lia, con la dulzura que siempre la ha caracterizado, coloca una mano en su hombro y la aprieta ligeramente.
—Está bien, no te preocupes. Te dejé algunas instrucciones en tu correo electrónico, encárgate de ellas. Yo me ocupo de todo aquí —dice, dándole un respiro.
Laura asiente con rapidez y se retira, casi huyendo de la atmósfera pesada que reina en la oficina.
Lia mira y asiente brevemente hacia Kai y Ayla, quienes la observaban en completo silencio. Ambos corresponden a su saludo de igual modo. Camina hasta el escritorio, coloca la taza de café en el lugar exacto que a Axel le gusta. Luego abre uno de los cajones y saca una carpeta de color verde con los documentos que él necesita para sus declaraciones públicas dentro de unas horas. Deja todo perfectamente organizado, abre la carpeta en la página correcta, y lo dispone todo frente a su silla para cuando se siente a leer.
Al terminar de acomodar el escritorio, camina hasta un mueble cercano, donde Axel siempre guarda su saco de gala ceremonial y gemelos.
Con una paciencia que solo ella puede tener después de estos años de conocerlo, escoge una de las corbatas y unos gemelos dorados con la insignia de la comandancia. Sabe que Axel no lo hará por sí mismo con la misma paciencia y amor, y aunque es consciente de que esto es más una despedida que una rutina diaria, lo hace de todos modos.
Se posiciona frente a él, y sin mirarlo a los ojos ni una sola vez, comienza a desajustar su corbata de uso diario antes de quitarla y colocar la de gala, lo ayuda a colocarse el saco y acomoda bien las medallas. También reemplaza los gemelos de su camisa por los dorados.
Axel no dice nada, no protesta. En silencio, permite que ella realice sus suaves toques, sintiendo cada movimiento como un recordatorio de todo lo que está perdiendo. Sus ojos no se apartan de ella ni un segundo mientras trabaja, y aunque Lia evita su mirada, él puede ver claramente la tristeza que emana de esos orbes verdes. Sus ojos están rojos e hinchados, seguramente por lo mucho que lloró, aunque eso no hace que se vea menos hermosa. Es una belleza teñida de melancolía, imposible de ignorar.
El vestido que lleva, ese que él mismo mandó confeccionar para ella para este día, le queda exactamente como lo había imaginado. Por un momento, él pensó que Lia no vendría después de lo sucedido entre ellos la noche anterior. Pero ahí está, cumpliendo con él, tal como siempre lo hizo.
Kai y Ayla también observaban la escena en un profundo silencio, conscientes de la complicada situación entre ellos.
Cuando Lia termina de arreglar los detalles de la apariencia de Axel, toma la taza de café y, sin decir una palabra, la coloca con suavidad en su mano. Él la toma sin protestar y bebe unos tragos de inmediato. Está evidentemente más relajado, algo que no había ocurrido con la otra asistente minutos antes. Solo Lia es capaz de calmarlo de esa manera, solo ella sabe cómo lidiar con su temperamento.
—En esta carpeta está el orden cronológico del evento, también el discurso —le explica Lia en un tono profesional, aunque suave—. Puedes darle un vistazo mientras llega la hora. Iré a verificar que el salón del evento esté listo. Te avisaré cuando sea el momento de bajar.
Lia se gira y sale de la oficina sin esperar una respuesta. Axel no puede evitar seguirla con la mirada mientras la puerta se cierra detrás de ella. Un nudo se forma en su garganta, el mismo que ha estado intentando contener desde que ella entró. Ella vino, está cumpliendo la promesa que le hizo, pero algo en la cabeza de Axel le dice que esa será la última vez que Lia estará allí para él de esa manera.
Ayla se levanta del sofá y se acerca lentamente a él.
—Sea lo que sea que pasó, siempre hay oportunidad de arreglar las cosas, hermano.
Antes de que Axel pueda responder a su hermana, el sonido de su teléfono interrumpe el momento. Es el general, avisando que ya están en camino.
Ayla lo mira con una sonrisa sincera.
—Estoy muy feliz por ti, hermano —dice y deja un beso en su mejilla—. Te lo mereces. Tu sueño al fin se está realizando.
Axel asiente lentamente, consciente de que tiene que enfrentar este momento.
El salón principal dónde va a llevarse a cabo la fiesta post ascenso, está lleno de energía, todo está preparado, también la sala de ceremonias que está abarrotada de colegas y algunos políticos y amigos importantes de la familia Storme.
Los padres de Axel, Victor y Adriana Storme, llegan al sitio visiblemente eufóricos. Desde el principio, Victor presionó a Axel para que siga su camino en la milicia, obligándolo a ver eso no solo como un deber, sino como una continuación de su legado. Su padre siempre fue demandante, exigiendo excelencia y esfuerzo incansable en todo lo que hacía Axel. Para Victor, el éxito y el poder no son una opción, sino una obligación familiar.
—¡Lo sabía, hijo! —dice Victor, dándole un fuerte apretón de manos—. Siempre supe que este día llegaría. Oficialmente, soy el padre del comandante de la guardia nacional. ¡Qué honor!
Adriana, por su parte, irradia una mezcla de orgullo y satisfacción. A diferencia de su esposo, sus comentarios son más calculados, pero su mirada fría deja claro que espera mucho más de Axel. Ella fue criada en un entorno de mucho poder y dinero, y su matrimonio con Victor selló esa vida de privilegios. Para ella, el mundo está dividido entre los que pertenecen a la élite y los que no, y nunca hizo un esfuerzo por ocultar su desprecio hacia aquellos que considera inferiores a su estatus.
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