Mundo ficciónIniciar sesiónAxel, con una sonrisa comedida, acepta las felicitaciones y abrazos de todos los que participan del evento. Su familia lo está acompañando, pero su mente vaga por todas partes. Entre la emoción y los gritos, sus ojos buscan a Lia, hasta que la encuentra a unos metros dando instrucciones a uno de los encargados del evento.
Cuando él se acerca al escenario, su madre pasa junto a Lia sin siquiera mirarla. Adriana siempre mostró indiferencia hacia ella, y Victor no es diferente. Para ellos, Lia es alguien funcional, eficiente en todo lo que hace, pero nada más. Axel sabe lo que su familia piensa de ella, pero nunca discutió abiertamente con ellos sobre el tema. El poder y el dinero pesan más que cualquier lazo emocional, y él lo sabe desde muy pequeño.
En el momento que Axel sube al estrado, extiende la mano hacia Lia para hacerla parte del momento. Sin ella no habría llegado tan lejos. Estuvo a su lado organizando, planificando, y manteniéndolo enfocado cuando todo parecía perderse, creando nuevas estrategias para ayudarlo cuando los resultados no lo estaban favoreciendo. Su éxito es también el de ella, y Axel es completamente consciente de ello.
Lia toma su mano y ambos suben, pero ella no se queda junto a él en el escenario. Con una discreta sonrisa y sin que él se dé cuenta, se retira hacia un lado, manteniéndose en las sombras mientras Axel se enfrenta a los presentes. La ovación que sigue es ensordecedora.
—Hijo, mira quién está aquí —dice Adriana acercándose del brazo de Ravenna Drayle, amiga de infancia de Axel, su primer amor e hija de uno de los empresarios más renombrados del país.
Ravenna lleva un vestido oscuro de alta moda, su peinado y maquillaje son exquisitos, como siempre. Su sonrisa color carmesí es ancha cuando se acerca a Axel, y frente a todos, deja un beso suave en su mejilla, aunque muy cerca de sus labios, rompiendo todos los protocolos de la institución y de la ceremonia.
Los medios de comunicación presentes, no pierden ni una sola oportunidad de inmortalizar con fotos y videos aquel momento. Los titulares de las noticias en vivo, empiezan a especular sobre una futura boda entre ellos dos y los comentarios de los internautas no se hacen esperar.
—Felicidades, comandante Storme —dice ella en tono seductor. Una de sus manos se mueve a su pecho y con el dedo, mueve un poco su medalla, pero Axel lo coloca disimuladamente de nuevo cómo estaba.
—Gracias, Ravenna, pensé que estabas de viaje. Me dijiste que tenías asuntos que resolver.
—Ella prefirió quedarse a festejar contigo. —Es su madre la que contesta, sin poder ocultar el brillo en sus ojos—. Dijo que no podía dejarte solo en este momento tan especial. ¿Acaso no es una joven muy considerada y dulce?
Axel asiente con una sonrisa y se acerca al estrado para comenzar la ceremonia, y luego su discurso con un tono firme y seguro que se extiende durante varios minutos. Habla sobre el futuro que sueña para la nación y cada palabra es recibida con vítores y aplausos. Pero mientras las palabras fluyen de su boca, su mente regresa una y otra vez a Lia. Los presentes están muy emocionados, y él debería sentirse igual, pero un presentimiento nace en su pecho que se hace más latente a medida que pasan los minutos.
Ravenna permanece a su lado todo el tiempo y aparece en todas las postales de noticias, tanto en las empresariales, sociales, como en las políticas, feliz de desempeñar un papel que, según ella, siempre le ha correspondido.
Al finalizar la ceremonia, Axel es rodeado. Todo el mundo quiere felicitarlo, tomar su mano, expresar su admiración. La prensa no deja de sacar fotos a diestra y siniestra. Axel trata de dar atención a la mayor cantidad posible de personas, agradeciendo con sonrisas y apretones de manos. En un momento, en medio de la multitud, vuelve a buscar a Lia con la mirada, pero no logra verla por ninguna parte. Su ceño se frunce.
Lia aprovecha el bullicio de los vítores y aplausos que acompañan el discurso de Axel para alejarse sigilosamente del sitio, sube hasta el último piso y observa detenidamente cada cosa. Aquí todo se parece a él, huele a él, y ella se siente mareada solo de pensar que nunca más pondrá un pie en este sitio. Saca de su cartera un sobre de manila y lo deja encima de su escritorio. Allí está escrito el fin entre ellos. Axel nunca entendió sus sentimientos y tampoco le importaban, pero al menos está rompiendo todo vínculo con él y eso le quita un gran peso de encima. Luego de una mirada fugaz, baja.
Cuando llega a la calle, se detiene un momento y observa por última vez la imponente fachada de Storme Helix Group. Cada rincón de ese lugar alberga muchos recuerdos suyos, tanto buenos como malos. Respira hondo, tratando de mantener la compostura mientras se aleja de ese capítulo final de su vida. Alza la mano para detener un taxi y, con una última mirada, sube al auto.
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Cuando Lia llega al departamento, Marcela la recibe con una mezcla de sorpresa y preocupación. No es lógico que ella regrese tan temprano de un evento tan importante.
—¿Está todo bien, señora? —pregunta seria por la expresión apagada en el rostro de Lia.
Lia asiente con una leve sonrisa que no llega a sus ojos y sube las escaleras hacia la habitación sin decir una palabra. Una vez en el cuarto, cierra la puerta y apoya la espalda contra ella, permitiendo finalmente dejar salir las lágrimas que había estado conteniendo durante todo este tiempo que estuvo cerca de él.
Su cuerpo tiembla mientras se deshace del elegante vestido. Con delicadeza, lo acomoda en la percha donde había estado antes de que se lo pusiera esa misma mañana. Acomoda los zapatos a juego y las joyas que tanto admira para dejar todo tan perfecto como cuando llegó por primera vez a ese lugar.
Sin perder el ritmo, abre el armario y busca un jean, una camiseta sencilla y una chaqueta que ella misma había comprado. Es lo único que se llevará consigo. No pretende llevarse nada más, nada que haya sido comprado con el dinero de Axel. No quiere recuerdos de esos años, no quiere una parte de él en su nueva vida que iniciará dentro de unas horas.
Al terminar de vestirse, da una última mirada a la habitación. Todo está en orden.
Al bajar, Marcela la observa con tristeza. Sabe que algo no está bien al ver su atuendo, que la partida de Lia no es solo una simple salida.
—¿Señora, no va a esperar al señor Storme? Puedo prepararle algo para merendar mientras lo espera, debe tener hambre, en la mañana ni siquiera desayunó antes de salir —sugiere con un tono suplicante, como si intentara ganar tiempo.
Lia niega con la cabeza.
—No, muchas gracias por todo, Marcela, pero tengo que irme ahora.
Marcela, preocupada, intenta insistir.
—¿El señor ya sabe?
—No —responde Lia, sacudiendo la cabeza—. No quiero molestarlo ahora que está disfrutando de su ascenso. Cuando vuelva a casa, lo sabrá.
—Pero, señora…
Lia no espera a escuchar el resto. Se acerca a la puerta con pasos decididos, pero antes de salir, gira para mirar a Marcela por última vez con una sonrisa.
—Adiós, Marcela. Gracias por todo, por tus atenciones, fuiste como una madre para mí.
La anciana no puede detenerla. Lia sale del edificio y se detiene unos segundos en la acera, respirando profundamente para calmar los nervios. Ya tomó su decisión. Con un rápido gesto, levanta la mano para llamar a otro taxi. Una vez dentro, le da al chofer la dirección de su antigua casa donde vivirá con Yvy y se deja caer en el asiento.
Todo el peso de la despedida finalmente se asienta en su corazón.
Cuando el taxi se detiene frente a la casa, su amiga ya está allí, esperándola. Lia apenas sale del vehículo, se tira en los brazos de Yvy. Toda la fortaleza que había estado tratando de mantener a raya se desmorona. Rompe en llanto, una vez más, un llanto profundo y desgarrador, liberando un poco más todo el dolor acumulado.
—Todo estará bien —murmura Yvy, acariciando con suavidad su espalda, tratando de consolarla—. Lo prometo. Estaré contigo todo el tiempo.
Lia asiente débilmente, aun en los brazos de su amiga. Por primera vez, tiene la certeza de que ha tomado la decisión correcta. Su futuro es incierto, pero está segura de que cualquier lugar será mejor que cerca de él.
—Vamos. —Yvy le da unas palmaditas en la cabeza, instándole a seguirla.
Lia suspira profundamente, se limpia la cara y la sigue.
El sol comienza a descender cuando Axel y su comitiva regresan al edificio Storme Helix Group. La celebración continúa en el salón principal con una cena gigantesca y elegante. Son más de las seis de la tarde, y todo el edificio, salvo el salón, está en completo silencio. Abre la puerta de su oficina, y el ambiente tranquilo y semioscuro lo recibe como un golpe.
Se dirige al minibar, toma una botella de agua y se sirve un vaso generoso. Lo bebe de un solo sorbo, permitiendo que el líquido refresque su pecho.
Luego del segundo vaso, sus ojos se desvían hacia su escritorio y es entonces cuando ve un sobre manila, perfectamente colocado en el centro de la mesa. Axel se queda inmóvil por un momento, con su corazón latiendo de una manera inusual. No necesita ser adivino para saber quién lo dejó allí, ni lo que es.
Camina hasta él y lo toma. Por más que quiere saber sus términos, no tiene la fortaleza suficiente para enfrentarse a ello luego de todo lo que se dijeron anoche. Con un suspiro, guarda el sobre en el bolsillo interior de su saco. No puede abrirlo ahora. Al menos no hoy. No esta noche.
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