—¡Serena, detente!
La voz de Elion resonó con desesperación en todo el patio de la mansión.
Pero Serena ni siquiera volvió la cabeza.
Sujetaba a Melissa con firmeza, manteniendo la pistola apoyada contra su sien. Sus ojos estaban enrojecidos por el llanto, aunque ya no quedaban lágrimas de tristeza. Solo ardían el odio, el dolor y una decepción tan profunda que parecía haber consumido todo el amor que alguna vez sintió.
Una amarga carcajada escapó de sus labios.
—¿Detenerme? —dijo con una sonris